» El hombre gris


Un hombre gris
Fija sus ojos al desolado paisaje

Un ventilador de techo inmóvil
Aprovechando el ocio en esta escarcha

Un biombo de madera
Que lo separa de otro paisaje desolado

Tantos libros desordenados
Que no caben en la duda ni en el estante

Un ropero añoso y otro un poco más mortal
Que se dan una mano para albergar la ropa
Que se están muriendo de frío y de desnudez
¡No existe ropa para la ropa!

Una repisa de su infancia frágil
Que lleva en su espalda
Esas cosas que hace tiempo
Se dejaron de usar

Y un mueble tocadiscos mutilado
Que cumple el papel, el sucio papel
De velar ropa sucia

Un sillón cuyas venas de caña
Rara vez sienten apoyar un trasero
Y otro un poco más menudo
Donde se registra la pilcha
De la jornada laboral

Una bicicleta malherida
Que la cedieron de tanto pedalear

Un televisor arcaico
Que salvaron del polvo miserable
Y de la rendición del basurero
Y a veces lo salva de ese silencio
Puntiagudo
Exasperante
Silencioso

Tres póster que cuelgan de una pared
Revelando la rebeldía en otrora.

Un atrapasueños
Hecho a la medida de la ignorancia
Que no se jacto de atrapar ni un sueño

Una silla sentada arriba de otra

Una mesita de luz codeándose con la sombra
Y otra haciendo honor a su nombre
Bañada de luz

Un chifonier donde ella entierra secretos
Acumula tesoros para ensalzar su belleza
Y gasta las horas como a un caramelo

Un enorme y viejo espejo
Desteñido por el roer de los años
Donde ella dibuja y desdibuja
Los contornos de su belleza

Una pequeña y humilde biblioteca
Que podrían servir para acolchonar
Tantos libros huérfanos

Cosas de ellas desparramadas y solemnes
Por aquí y por allá

Poesías de él
Apretadas en un cajón de poca monta

Dos fluorescentes que amilanaron sus ojos
Por lo siniestro de la oscuridad

Un velador ingenuo
Que le hace un guiño a la noche
Y a la soledad

Una ventana de persiana metálica
Que da hacia una calle moribunda
Podrida de que el viento
La haga bailar a ruidos

Otras cosas que siguen ahí escondidas
Ocultándose en el paisaje
Y sus ojos fijos no saben ver

Una puerta desalmada que se sella
En la nocturna espera

Una cama
Dos almohadas
Tres colchas
Cuatro paredes
Y el hombre gris
Que siente el vacío
Bajo el pesado techo

Hombre que escruta
Al sur de la cama
Y ella
No está

Un papel
Una lapicera
Y un puñado de recuerdos
Que la evocan a mordiscos
La memorizan a destajo
Se desgarran blandos
Y la extrañan a chorro.

Categoria: Ausencia
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