Cuando sientas el frío helado del invierno,
cuando ya esté muy lejos, sin poderte abrazar,
extrañarás entonces de mi todo lo tierno
y llorarás de pena en cada despertar.
Cuando la noche impugne sobre ti todo averno
y tus ojos mojados no puedan descansar,
recordarás de todos tus olvidos, lo eterno,
este abrazo lejano que no vas a olvidar.
Entonces abrirás tu puerta y tu ventana
para que en un suspiro se escape tu dolor.
Una luz en el cielo parecerá la estrella
y llegará el invierno de otra fría mañana,
quedando entre tus manos la inevitable huella
del resplandor innato que ofrece tanto amor.
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